
Al hablar del aspecto marcial, no debemos olvidar nunca, que la más alta estrategia en el arte de la guerra es derrotar al enemigo sin tener que recurrir a las armas, es decir, convertir en amistosa y afectiva una situación en la que antes sólo existía discordia. Para lograr ese efecto, tenemos que buscar en el adversario cuáles son los puntos que nos acercan y qué es lo que ambos tenemos en común, en vez de reasaltar aquello que nos diferencia y separa, pero para llegar a este punto hay que transitar todo un largo recorrido hasta conseguir transformar la polaridad de todas las formas de miedo, frustración, agresividad contenida, rabia, intolerancia, odio, rencor, desprecio, crueldad y un largo etcétera de síntomas, que son un reflejo de energías poderosas mal canalizadas e inconscientes que habitan en nuestro interior.